Neurobiología del emparejamiento

La idea de que los humanos tienen una tendencia hacia la monogamia, o más bien monogamia en serie, es discutible. Sin embargo, lo que podemos decir con certeza, es que la formación de vínculos amorosos con otra persona tiene una explicación científica que podemos evaluar. 

Algunos roedores son monógamos y estudiarlos nos ayuda a aprender sobre las razones y mecanismos del vínculo de las parejas. Estudios de laboratorio que buscan entender los mecanismos detrás del emparejamiento utilizan pruebas de preferencia de lugar las que consisten en posicionar tres jaulas conectadas a través de tubos. En una de estas se encuentra la “pareja” del sujeto experimental (sujeto principal del experimento que en este caso es una de las ratas) y en la otra un “extraño”. El sujeto experimental tiene la libertad de moverse a través de los tubos a las jaulas tanto de su “pareja” como hacia la del “extraño”. El vínculo que existe entre la pareja y el sujeto experimental es inferido según la cantidad de tiempo que el sujeto pasa con cada uno de ellos. 

La oxitocina y la arginina son dos neuropéptidos (proteínas del cerebro) que están involucrados de manera importante en la preferencia de lugar, por lo que se encontraría en mayor proporción cuando la rata pasa más tiempo con su pareja.   En el caso de las hembras, al introducir oxitocina en determinados lugares del cerebro acelera la vinculación con la pareja, necesitando solo una breve convivencia con el macho, sin apareamiento, para que se genere una preferencia hacia la este. Si bien tanto la oxitocina como la arginina son importantes en ambos sexos, en la formación de vínculos entre parejas, la oxitocina pareciera ser más importante en hembras y la arginina en machos, sin embargo, no se tiene claro el mecanismo detrás de estas diferencias. 

Existe evidencia que las experiencias tempranas, en este tipo de roedores, podrían influenciar la conducta social en los adultos, en esta misma línea, estudios enfocados en el desarrollo sugieren que la exposición neonatal a oxitocina aumenta la probabilidad de la formación de preferencia de pareja en machos adultos. 

Resultados anatómicos y farmacológicos indican que la corteza prefrontal (área del cerebro que se encuentra hacia adelante de este) más otras pequeñas estructuras son áreas críticas en la formación de vínculos entre pares. Estas regiones también se encuentran involucradas en el sistema de recompensa (sistema involucrado en la motivación), lo que sugiere que la formación de vínculos utiliza el mismo sistema que cuando se recibe algún tipo de recompensa. 

Estudios en humanos han mostrado evidencia acorde a la hipótesis sobre cómo el sistema de recompensa y los circuitos de oxitocina y la arginina, recién mencionados, se encuentran involucrados en los vínculos que se producen entre humanos. Cuando un humano ve una fotografía de su pareja amorosa su cerebro se activa (medidos por fMRI) de manera similar a la actividad que se produce luego de consumir cocaína u opioides, muchas de dichas regiones son ricas en oxitocina. Un patrón similar se observa en madres cuando ven imágenes de sus hijos, lo que sugiere que existe cierta superposición entre los mecanismos neurales involucrados en el vínculo materno y aquellos románticos. 

Referencia

https://science.sciencemag.org/content/373/6553/456.abstract



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