Según la Organización Mundial de la Salud, los trastornos de ansiedad se encuentran entre los problemas de salud mental más frecuentes en el mundo. Desde la psicología, se entiende que una persona puede desarrollar ansiedad cuando siente miedo frente a situaciones o estímulos que en realidad son seguros. En este contexto, la ciencia ha mostrado que las experiencias amenazantes y seguras que vivimos a lo largo de la vida influyen en la forma en que aprendemos el miedo.
Un experimento online conducido por la Psicóloga Viviana Sáez Rossel, en el Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, buscó estudiar cómo una mayor o menor cantidad de experiencias amenazantes y seguras influye en el aprendizaje del miedo.
Las experiencias fueron representadas mediante imágenes y sonidos. Una experiencia amenazante ocurrió cuando aparecía en la pantalla del computador la imagen de un rostro femenino junto a un estímulo desagradable que generaba miedo. En cambio, una experiencia segura ocurrió cuando el rostro femenino aparecía sin estar acompañado por ese estímulo desagradable. Es decir, se trataba de una situación en la que no ocurría nada amenazante.
Participaron chilenos y chilenas mayores de 18 años, quienes fueron divididas en dos grupos: (1) exposición a poca cantidad de experiencias seguras y amenazantes, y (2) exposición a mucha cantidad de experiencias seguras y amenazantes.
Los resultados mostraron que independiente del número de experiencias, todos lograron distinguir adecuadamente entre ambas situaciones. Esto indica que las personas aprendieron a reconocer qué estímulos eran una amenaza y cuáles eran seguros independientemente de la cantidad de exposición a dichas experiencias.
La cantidad de exposición a experiencias seguras y amenazantes no afectó la seguridad de las personas frente a las amenazas, ni la generalización del miedo que producían. Es decir, independientemente de la exposición, los participantes respondieron con más miedo a los estímulos que se parecían a la experiencia amenazante y mostraron menos miedo cuando los estímulos se parecían a la experiencia segura.
Los resultados también sugieren que incluso las personas sometidas a una gran cantidad de experiencias se benefician de una terapia orientada a reducir el miedo. Sin embargo, se debe detectar si el extensivo número de experiencias de amenaza produce que las personas se “acostumbren” a dichas experiencias, lo que los puede llevar a expresar menor miedo durante esta etapa.
En síntesis, los resultados muestran que tanto las experiencias amenazantes como las seguras influyen en cómo aprendemos del miedo. El estudio sugiere que incluso quienes experimentan una mayor exposición a las experiencias analizadas pueden disminuir su miedo en entornos terapéuticos. Los hallazgos aportan información valiosa para comprender mejor el miedo y sus tratamientos.


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