La influencia de las emociones en la conducta alimentaria

Las emociones con valencia negativa pueden estimular una alimentación rápida, impulsiva y desordenada, aumentando la preferencia por alimentos con altos niveles de azúcares (e.g., Arend et al., 2022; Kaiser et al., 2022). En el Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales 5ª edición (DSM 5) se encuentra una entidad clínica denominada Trastorno por Atracón que se caracteriza por una ingesta exacerbada, en un tiempo limitado, de una cantidad de alimentos que es superior a lo que la mayoría de las personas ingeriría en un tiempo equiparable, acompañada por una sensación de pérdida de control sobre la ingesta de alimentos. Por otra parte, los episodios de atracón se asocian a tres o más de los siguientes hechos: Comer mucho más rápidamente de lo normal; Comer hasta sentirse desagradablemente lleno; Comer grandes cantidades de alimentos cuando no se siente hambre físicamente; Comer solo debido a la vergüenza que se siente por la cantidad que se ingiere; Sentirse luego a disgusto con uno mismo, deprimido o muy avergonzado. Finalmente, los episodios de sobreingesta deben presentarse en ausencia de conductas compensatorias, con una frecuencia mínima semanal, durante tres meses (APA, 2013).

En el vivenciar diario las personas realizan comparaciones entre alimentos esperados y obtenidos, y ante su discrepancia negativa, se desencadena un estado emocional aversivo denominado frustración. Por ejemplo, alguien que está habituado a consumir una ensalada a diario se sentirá satisfecho al ingerirla. Sin embargo, si otra persona está acostumbrada a consumir una milanesa a la napolitana es posible que, ante a la obtención de la ensalada en la misma situación, se sienta decepcionado o frustrado. Frente a un mismo alimento se van a desplegar distintas respuestas emocionales y estas no solo dependerán de los componentes nutricionales del alimento, sino también de las experiencias previas que la persona haya tenido con sus distintas cantidades y calidades (ver Papini et al., 2022).

Las respuestas de frustración se han estudiado sistemáticamente en animales de laboratorio a través de protocolos que utilizan como evento frustrante la reducción u omisión de la cantidad o calidad de un alimento palatable, en presencia de una expectativa de mayor magnitud (ver Papini et al., 2022). Una crítica válida al uso de modelos animales en psicología es que estos no permiten abordar la complejidad del comportamiento humano. Sin embargo, se puede comparar al ser humano con otras especies animales siempre y cuando existan homologías neuroanatómicas y conductuales. Además, un modelo animal aporta ventajas metodológicas que permiten abordar cuestiones que no podrían estudiarse con precisión en humanos (ver Papini et al., 2006). Estos a menudo presentan dificultades para identificar la etiología de los trastornos, mientras que las ventajas metodológicas que ofrece un modelo animal, como la manipulación de variables independientes, el registro preciso de variables dependientes y un amplio control experimental de variables extrañas, facilitan la contrastación de hipótesis en términos de mecanismos conductuales, emocionales, neuroendocrinos, neurofisiológicos o genéticos (Hunziker & Pérez Acosta, 2001). En un estudio realizado en nuestro laboratorio se profundizó en las relaciones causales entre los eventos previos de emocionalidad negativa, como la frustración, y la exacerbación de la conducta alimentaria. Para esto se utilizó un modelo animal. El procedimiento consistió en exponer a dos grupos de ratas a una solución azucarada (32% de azúcar en agua) durante 5 minutos por día. Luego de cinco días, los animales aprendieron que en cierto contexto recibirán una solución dulce en un bebedero, lo que les hace formar una expectativa sobre el alimento que van a recibir. En el sexto día, la mitad accedió normalmente a la solución dulce, mientras que la otra mitad lo hizo luego de 2 min de exposición a un bebedero vacío. Es decir, se les presentó un bebedero vacío en presencia de las claves contextuales que les predicen que debería estar la solución dulce (solución azucarada al 32% à 2 min de bebedero vacío à solución azucarada al 32%). Los resultados muestran episodios de atracón en animales que vuelven a encontrar la solución después de que se haya demorado su presentación (ver figura 1).

Figura 1. Diseño experimental para estudiar la incidencia de la frustración en la conducta alimentaria.

Además, se evaluó si la conducta de atracón dependía de la magnitud del estado emocional previo. Si definimos la frustración como la discrepancia negativa entre el alimento esperado y el obtenido, exponer a los animales a una solución azucarada de menor concentración (16% de azúcar en agua) generaría una menor discrepancia y, por consiguiente, un estado de frustración menor. Al realizar esta variación, no se observaron episodios de atracón. Por otro lado, se investigó si un estado emocional más intenso conduce a una exacerbación de la conducta alimentaria. Para ello, se prolongó a 10 min el tiempo de demora de la solución azucarada, lo que generó episodios de atracón más intensos.

Finalmente, los episodios de atracón se mantienen durante varios días y en presencia de eventos de frustración por la demora en la solución azucarada (Serafini et al., 2022), lo que podría mimetizar una característica central del Trastorno por Atracón: su persistencia a lo largo del tiempo (APA, 2013).

En síntesis, la conducta de atracón es dependiente y específica del estado previo de frustración, dado que estados emocionales menos frustrantes la eliminan (solución azucarada al 16% à 2 min de bebedero vacío à solución azucarada al 16%) y situaciones de mayor frustración la exacerban (solución azucarada al 32% à 10 min de bebedero vacío à solución azucarada al 32%) (Serafini et al., 2022).

Referencias

American Psychiatric Association (2013). Diagnostic and statistical manual of mental disorders (DSM- 5º). American Psychiatric Pub.

Arend, A. K., Schnepper, R., Lutz, A. P. C., Eichin, K. N., & Blechert, J. (2022). Prone to food in bad mood—Emotion‐potentiated food‐cue reactivity in patients with binge‐eating disorder. International Journal of Eating Disorders55(4), 564-569. https://doi.org/10.1002/eat.23683

Hunziker, L., & Pérez-Acosta, A. (2001). Modelos animales en psicopatología: ¿una contribución o una ilusión. Avances en Psicología clínica latinoamericana19, 37-50.

Kaiser, B., Gemesi, K., Holzmann, S. L., Wintergerst, M., Lurz, M., Hauner, H., … & Gedrich, K. (2022). Stress-induced hyperphagia: empirical characterization of stress-overeaters. BMC Public Health22(1), 1-11. https://doi.org/10.1186/s12889-021-12488-9

Papini, M. R., Guarino, S., Hagen, C., & Torres, C. (2022). Incentive disengagement and the adaptive significance of frustrative nonreward. Learning & Behavior, 50, 372–388. https://doi.org/10.3758/s13420-022-00519-3

Papini, M. R., Wood, M., Daniel, A. N., & Norris, J. N. (2006). Reward loss as psychological pain. International Journal of Psychology and Psychological Therapy, 6, 189-213. https://www.redalyc.org/articulo.oa?id=56060205

Serafini, M., Ilarraz, C., Laurito, M., & Cuenya, L. (2022). Increment in the consummatory response induced by reward delay: An animal model of binge-like eating episodes. Learning and Motivation, 80, 101842. https://doi.org/10.1016/j.lmot.2022.101842



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