Olfacción y optimismo: impacto de la estimulación olfatoria en perro

Los perros son considerados “el mejor amigo del hombre”; sin embargo ¿ponemos atención a sus necesidades? En general, los perros viven confinados a espacios donde no pueden realizar conductas importantes para esta especie, como el contacto social o la búsqueda de alimento (usando el olfato). Por ello, estos animales pueden ser considerados como especies en cautiverio, en los que la falta de estímulos puede afectar negativamente su estado emocional y bienestar.

Los estados emocionales pueden ser positivos o negativos, funcionando como guía en procesos de memoria, atención y juicio. Es decir, influyen en nuestra toma de decisiones frente a estímulos, lo que se conoce como sesgo de juicio. Este sesgo y el estado emocional de los animales puede ser evaluado experimentalmente. Para esto se entrena al sujeto a discriminar entre 2 estímulos, uno positivo (muy gratificante) y uno negativo (poco gratificante), después se mide la influencia del estado emocional sobre la toma de decisiones cuando es enfrentado a un estímulo ambiguo. Aquí, una interpretación positiva de este estímulo se interpreta como un juicio positivo u optimista, reflejando un estado emocional positivo; mientras que una interpretación negativa refleja un estado negativo o pesimista. Muchos estudios han usado esta tarea para evaluar el estado de ánimo y bienestar de animales cautivos. Aquí hablaremos del estudio de Duranton y Horowitz (2019) “Let me sniff! Nosework induces positive judgment bias in pet dogs” realizado en perros.

Estos autores quisieron evaluar el efecto de la estimulación olfativa o “trabajo de nariz” (en que el perro debe encontrar alimentos escondidos usando su olfato) sobre el sesgo de juicio. Para esto, los perros fueron entrenados para discriminar, según ubicación de un plato (izquierda o derecha), la presencia (estimulo positivo) o ausencia de alimento (estimulo negativo). Así, cada extremo representa un resultado positivo o negativo. Una vez que el perro ha aprendido a discriminar, se evalúa el sesgo de juicio al presentar un plato al centro (en el medio de estas localizaciones), siendo así un estímulo ambiguo. El tiempo que demore el perro en alcanzar el plato será entendido como un sesgo optimista, si este es similar a lo que tardaba en alcanzar el plato con alimento u pesimista, si ocurre lo contrario. Primero se realizó este entrenamiento y evaluación en todos los perros y tras observar que se comportaban similar, se dividieron en 2 grupos: el grupo control, a los que se les hizo un “trabajo de marcha” (caminar al lado del dueño) y el grupo experimental, los que tuvieron “trabajo de nariz”. A ambos grupos se les dedicó la misma cantidad de tiempo en cada trabajo y tras 2 semanas, todos fueron reevaluados con una tarea de sesgo de juicio. Estos autores determinaron que los perros con “trabajo de nariz” demoraron menos tiempo en acercarse al estímulo ambiguo, comparado a sus tiempos anteriores (pre-trabajo). Esto se interpretó como un sesgo de juicio positivo u optimista. Este cambio no fue observado en el grupo control, lo que sugiere que el entrenamiento olfatorio, oportunidad que permite al perro realizar una conducta propia de su especie, mejora el estado emocional y bienestar del perro.



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