
Las bases biológicas de la hipnosis ha sido un fenómeno de interés, despertado la curiosidad de los científicos por mucho tiempo. Sus áreas de estudio se han centrado en comprender las diferencias entre individuos que sí pueden ser hipnotizados versus los que no, haciendo énfasis en los cambios en la corteza cerebral que este fenómeno produce. Más recientemente, la hipnosis ha comenzado a ser empleada como un método para manipular los estados mentales de los sujetos, tanto cognitivos (“lo que pienso”) como afectivos (“lo que siento”), para proporcionar información sobre las bases biológicas de la experiencia, el pensamiento y la acción.
Existen diferencias entre individuos para ser hipnotizados , sin embargo, esto no puede ser predicho con certeza por cuestionarios de papel, sino que debe ser evaluado viendo la capacidad hipnótica de cada uno. Lo que se pone a prueba a través de experimentos, donde todos son expuestos a las mismas condiciones. La mayor parte de las personas son hipnotizables de manera moderada, mientras que solo algunos pocos son “no susceptibles” (no-hipnotizables) ante dicha técnica, así mismo, también son muy pocos los que tienen una alta capacidad de ser hipnotizados.
La mayor sensibilidad a ser hipnotizado es solo una forma de sugestión, y se vincula de manera moderada con el rasgo de personalidad de “ensimismamiento”, rasgo que refleja una tendencia a entrar en estados de atención reducida o expandida y una confusión de fronteras entre uno mismo y el exterior. Este rasgo se relaciona con la “apertura a la experiencia” una de las cinco dimensiones de personalidad de los “Big Five” (escala que evalúa cinco grandes rasgos de personalidad)
En la actualidad aún queda un largo camino por comprender lo que sucede cuando una persona es hipnotizada, las posturas más modernas utilizan estudios de resonancia magnética funcional (exámenes para observar qué áreas se activan del cerebro ante determinadas actividades), lo que permite tener mayor precisión y captar el fenómeno de manera más compleja. Las teorías han evolucionado en sus explicaciones, donde no solo se centran en la actividad eléctrica del cerebro o en lo que sucede en el hemisferio derecho, sino que se reconoce la complejidad de la experiencia del fenómeno.
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