La violencia contra los niños y niñas ocurre en todos los países del mundo, en distintas formas e intensidad y suelen estar arraigadas en prácticas culturales, económicas y sociales. Tomando esto en consideración, se plantea que entre el 20% al 30% de todos los inicios de los trastornos mentales pueden asociarse con experiencias aversivas o desagradables a temprana edad.
Es por ello que existe un creciente interés en el maltrato infantil como un potente estímulo que puede significar un riesgo en el desarrollo de trastornos psiquiátricos. Las principales teorías psicológicas sugieren que la psicopatología posterior a un trauma infantil, particularmente maltrato, surge a través del condicionamiento del miedo perturbado -entendiéndose este como el proceso en el cual un estímulo neutral llega a evocar miedo luego de su asociación con un estímulo aversivo-.
Los niños y niñas con frecuencia desarrollan temores tanto a las amenazas reales como a las imaginarias a medida que aprenden a distinguir entre las amenazas y las señales de seguridad en su entorno. Por ejemplo, un niño puede aprender a temer a los perros (estímulo neutro) luego de que uno haya intentado morderle (estímulo aversivo), mientras que a su vez aprende que si se encuentran con sus padres los perros no representan una amenaza (señal de seguridad).
Es probable que los eventos aversivos o desagradables que ocurren temprano en el desarrollo influyan en el condicionamiento del miedo, es decir, en la forma en que aprendemos a temer a determinadas cosas o situaciones. De hecho, los niños y niñas maltratados podrían exhibir alteraciones en el procesamiento de amenazas, incluidas una mayor atención y mayores respuestas neuronales a amenazas potenciales en comparación con quienes no recibieron maltrato en su infancia.
Examinar el condicionamiento del miedo en niños y niñas maltratados podría aclarar de qué manera contribuye a la psicopatología. Sin embargo, y sorprendentemente, existen pocos estudios que evalúen esta relación.
Por ello, McLaughlin y colaboradores (2016) quisieron abordar cómo el maltrato se relaciona con el condicionamiento del miedo en los niños y niñas. Tras realizar diversas pruebas, concluyeron que el maltrato infantil provoca una dificultad a los niños y niñas para diferenciar las señales de amenaza y seguridad. La escasa distinción entre amenaza y seguridad podría reflejar una mayor generalización o extensión del miedo o un déficit en el aprendizaje asociativo -en el cual vinculamos dos o más fenómenos de tal modo en que aprendemos y reaccionamos a dicha relación- entre los niños maltratados. En esta misma línea, resultados preliminares del Fondecyt Postdoctoral (3200153) mostraron que adultos con experiencias de maltrato en la infancia presentan mayor intolerancia a la incertidumbre y rasgos ansiosos. Además, también expresaron sentir mayor ansiedad ante el estímulo asociado con la imagen aversiva, a diferencia de los sujetos sin experiencias de maltrato, en la tarea de condicionamiento al miedo.
En conclusión: Los niños o niñas que son víctimas de maltrato no logran aprender ante que claves de su medio ambiente estarán seguros y ante cuales correrán peligro. Por lo que muchas veces estarán vigilantes y mas atentos a las claves que señalizan amenazas, esto como una adaptación al ambiente violento en el cual viven. Este tipo de aprendizaje los hará mas vulnerables para el desarrollo de patologías psiquiátricas en el futuro.


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